Dirigida por Gillian Armstrong y protagonizada por Guy Pearce y Catherine Zeta Jones, “El último Gran Mago” (Death defrying Acts) es una película del estilo del “Ilusionista” o “El Gran Truco” aunque esta última me parece muy superior a las otras. La trama gira en torno a uno de los magos más conocidos de la historia, Harry Houdini (Guy Pearce). Como ya hemos comentado en un post anterior sobre la vida de Houdini, el escapista dedicó gran parte de su vida a desenmascarar a quienes decían contactarse con los muertos y ver cosas provenientes del más allá. Houdini decía que le bastaba con ver un acto máximo 3 veces para adivinar exactamente cuál era el método utilizado. Desde luego, sólo se dedicaba a arruinar a los farsantes, no a sus colegas como pasa actualmente.
Luego de la muerte de su madre, muchos hablan de que Houdini se obsesionó con el espiritismo buscando algún ápice de verdad entre tantos farsantes. Esto es lo que refleja la película agregando algún que otro toque hollywoodense por supuesto.
En el film, el mago más famoso del momento llega de gira a Irlanda donde vive la hermosa Mary (Catherine Z. Jones), una espiritista de varieté que trabaja presentando su número de medium junto con su hija Benji en teatros mal pagos.